Manuel García-Mansilla presentó este lunes su renuncia como juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, luego de que el Senado rechazara su pliego por amplia mayoría la semana pasada. Su designación había sido realizada “en comisión” por decreto presidencial a fines de febrero, lo que generó tensiones políticas e institucionales.
En una carta dirigida al presidente Javier Milei, García-Mansilla expresó:
“Presentó la renuncia indeclinable al cargo de juez de la Corte Suprema para el que fui nombrado por el decreto 137 del 26 de febrero de 2025”.
Presiones políticas, internas y judiciales
El rechazo parlamentario no fue la única piedra en el camino. El jurista enfrentaba presión de sus colegas del tribunal, que le exigían dar un paso al costado, y una medida cautelar dictada por el juez Alejo Ramos Padilla, que le prohibía intervenir en causas durante 90 días.
“Mi permanencia en el cargo no hubiera facilitado la integración de la Corte. Todo lo contrario: sería una excusa más para distraer la atención”, reconoció en su carta.
“La Corte no puede funcionar con solo tres jueces”
García-Mansilla advirtió que la actual conformación del tribunal, con solo tres integrantes desde la salida de Juan Carlos Maqueda, no es sostenible.
“Creer que la Corte puede funcionar con tres jueces es un espejismo institucional. Se resuelven casos, pero sin el ritmo ni la coherencia técnica que se necesita”, aseguró.
Un paso fugaz por el máximo tribunal
El magistrado había asumido su cargo el 27 de febrero, con el respaldo del presidente Milei y el juramento de Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. Apenas estuvo presente en la apertura de sesiones del Congreso.
Pero su situación fue endeble desde el inicio: su nombramiento duraría un año a la espera del aval del Senado, que nunca llegó. En la misma sesión también cayó la postulación de Ariel Lijo, quien no llegó a asumir.




